Matalavilla ya tiene su libro
E. GANCEDO
«La braña de Zaraméu/ nun yía braña, yía ciudade/ mirándola de l.luenxe/ paez una catedrale». He aquí un pequeño ejemplo de los cientos, miles de cantares propios del concechu (ayuntamiento) de Palacios del Sil, sin duda alguna una de las comarcas de León con una personalidad más acusada y con una conservación de la cultura tradicional más sorprendente. Dentro del municipio palaciego está el pueblo de Matalavilla, que ahora cuenta con una extraordinaria obra de referencia: Matalavilla. Memoria de una aldea leonesa , libro escrito por Adolfo Fernández Pérez y Ovidio García Fernández, ambos hijos del pueblo, y publicado por la editorial KRK. En él está, pues, casi toda Matalavitsa -su nombre real en patsuezu ; no en vano, ésta es la zona que mejor conserva su lengua autóctona leonesa-: Desde las labores agrarias y ganaderas milenarias, ahora tocadas de muerte; hasta las celebraciones y ritos de paso, los juegos infantiles, la mitología, los oficios y la tradición oral pasando por el patrimonio arquitectónico y religioso y, cómo no, por el habla, ya que al final del volumen se incluye un completo vocabulario.
Para que no se olvide «Este libro surge -dicen sus autores- para evitar que el bagaje cultural y mental acumulado durante siglos en la comunidad rural de Matalavilla caiga definitivamente en el olvido». Además, desde la editorial se advierte de que el sistema agrario propio de la montaña occidental leonesa «conseguía a duras penas garantizar la supervivencia de los habitantes del pueblo, pese a la acabada articulación de sus elementos entre sí y con el entorno natural. La casa y la familia constituían aún el núcleo central del sistema productivo, y, a la vez, de transmisión de los valores tradicionales: el ama se preocupaba de inculcarlos y conservarlos (las enseñanzas del tsar ), aunque fueran precisamente las mujeres quienes se encargaron de poner esos mismos valores en entredicho». «El colectivo seguía aferrado a la práctica de la solidaridad intercasal, de remotos orígenes e imprescindible para su buen funcionamiento. Los múltiples ritos de paso, creadores de un rico universo mental, se encargaban de romper la monotonía de los ciclos y de potenciar los diversos grados de solidaridad». La vida en las brañas o poblados de altura, la macha del centeno, las facenderas comunales, el sanmartino o matanza del gocho, las leyendas, la naturaleza local, los aperos de labranza, las partes de la casa, las artesanías, los personajes más conocidos... hasta la popular Tabierna del Rubio aparece en él. Los autores han optado por transcribir tanto el sonido «ts» ( tseña , leña; también se escribe l.leña ) como el «ch» ( mucher , mujer), siempre como «ch», lo cual, pese a hacerlos más asequibles al lector no familiarizado, no responden a la realidad del habla, pues se trata de dos sonidos bien diferenciados.
(del Diario de León, 23-09-2008)
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Tengo que mostrar hoy mi enorme alegria por este libro que yo esperaba desde hace tiempo y con el que voy a disfrutar sin duda.
Mis felicitaciones para sus autores, Adolfo Fernández y Ovidio García; les deseo todo el éxito del mundo con su obra que estoy segura tendran.
Eva
el libro está inconcluso, porque la mayoria de las cosas y costumbres las cuentan incompletas o como no son,pero es lógico porque ninguno de los dos autores han vivido totalmente estas faenas,es atraves de lo que les han contado, y no dsiempre han colaborado los que más sabian de la vida antigua en matalavilla, muy pocas fotos y con un precio increiblemente car par el formato del libro.