Todos, o casi, somos Félix
PEDRO MANUEL SUÁREZ MARTÍNEZ
ME desayuno con la triste noticia de que mi colega y amigo en la Facultad de Filología, el profesor Félix Fernández de Castro, se dispone a presentar una denuncia, luego que se plantaran tres engafados a lo 'mátrix' en su despacho, supongo que no para desearle las buenas tardes.
¿Cuál ha sido su pecado para recibir este trato, rayano en el terrorismo, que pasa por haberse visto en pintadas con insultos como 'Félix xenocida', 'Félix hijo de golpista' y otras lindezas por el estilo por toda la Facultad? ¿O para que su nombre figurara junto al mío en un comunicado enviado a toda la prensa por la 'xunta executiva' de cierto grupúsculo de salvapatrias de segunda mesa con la agradable calificación de ser personas 'que responden a intereses sectoriales y en ocasiones mercenarios'? Pues nada especial en una democracia: presentar él una enmienda parcial al proyecto de nuevos planes de estudio de la Facultad de Filología en el que solicitaba que se votara en secreto la propuesta de retirar el maior y el minor en Filología Asturiana y el de apoyar yo públicamente tal propuesta en el único debate sobre este plan que hubo: a través del correo electrónico y entre miembros de la Junta. La razón es, entre otras, que su aprobación suponía, no la transformación de los actuales planes en otros más atractivos, sino la creación, expresamente prohibida. Sí, yo soy uno de esos 34 y tengo mis razones que son las de muchos. Luego las diré.
Después de casi veinte años, era la primera vez que se votaba algo semejante, ya que, por entonces, tras mucha riña dialéctica, la Junta había votado a favor de la creación de una titulación de Filología Asturiana. El meollo de la cuestión era este: los defensores de la creación de tal filología se enrocaban en la existencia de un asturiano normalizado por la Academia de la Llingua que ya se podía enseñar y generalizar; los oponentes, en que tal normalización era un engendro irreconocible para muchos asturianos y ponía precisamente en peligro aquello que se pretendía proteger: los bables.
Aquella victoria -llevo años oyéndolo- se interpretó como un 'mandato de la Junta' que había que cumplir y hacer cumplir. Se elaboraron y aprobaron los planes que, tras pasar por diversos filtros, llegaron por fin a la Junta de Rectores y representantes ministeriales que, una y otra vez, los rechazaron. Todos eran criticados, representantes universitarios y ministeriales: unos, por no saber defender 'el mandato'; otros, por no ceder a él. Pero tampoco la primero decana y luego presidenta de la Academia de la Llingua, fue capaz de hacer cumplir el 'mandato' en los casi diez años de gobierno que acumuló. Sí pudo, en cambio, en este momento crucial de adaptación de los planes para su homologación europea, colocar, primero, al asturiano entre un elenco de lenguas que figuraban junto a otras filologías, a costa de eliminar la Filología Románica. No la vi siquiera ruborizarse, pese a que ella ostenta cátedra justamente en esa materia.
Luego, visto que cada universidad tendrá que presentar sus propios planes para que sean homologados debió de ver la oportunidad de ver cumplido su anhelo. Y en eso estaba la Junta del otro día. Precipitadamente, el decanato presentó sus titulaciones basadas en un maior o titulación principal, y un minor o titulación secundaria, ambas obligatorias. En ambas figuraba el asturiano; y la enmienda de Félix, que razonaba la no oportunidad de incluir el asturiano, había que votarla de acuerdo con el protocolo establecido por la mesa. Renunció Félix a su defensa; no así la decana, que hizo un apasionado llamamiento en contra de la enmienda, pero sin argumentos. Y se votó. 30/34: dimisión de la decana. ¿No es esto un 'mandato de la Junta'? ¿No debe ser acatado como antaño democráticamente hicimos los demás? No. Los 34 'presuntos enseñantes', 'tontos', 'secuaces alienígenas' y 'paletos' votantes de la enmienda, según nos llama educadamente cierto activista asturzale, impedimos a los asturianos estudiar su lengua. ¡Qué mentira más grande, qué ignorancia, qué falta de información!
El asturiano y todas sus variantes llevan años y años investigándose en esta casa, como un conjunto de dialectos románicos más (otros dicen lengua), siendo objeto de tesis, tesinas, seminarios y jornadas de estudio; hay asignaturas de 'lengua asturiana'; títulos propios de 'experto' y 'especialista'. No es verdad que desaparezca el asturiano de la universidad ni que no se pueda estudiar. Hay que saberlo.
Recuerdo que hace años una academia de idiomas ofreció enseñanza en asturiano. La prensa se hizo eco de ello. Fue un fracaso. Esa es otra triste realidad que se niegan a asumir estos defensores de lo 'nueso': que el debate sobre la llingua no importa nada a la sociedad, que tiene otras preocupaciones. ¿Por qué tanta insistencia, entonces, en crear la Licenciatura y gastar dinero en ello, sino porque lo que se pretende es activar un nuevo argumento con que presionar al gobierno para que acepte la cooficialidad? Porque no nos engañemos: ni lo uno ni lo otro será gratis; al contrario: costará un dineral mayúsculo que saldrá de nuestros bolsillos. En efecto, pensemos en los cursos que el Principado habrá de pagar para que los funcionarios de todas las administraciones dominen la llingua, por si alguien tramita algo en ella; en los impresos de todo tipo, siempre duplicados o bilingües; habrá que habilitar traductores oficiales en todas nuestras instituciones y quizá en las nacionales e internacionales. Luego vendrá el problema de qué hacemos con los chicos que se hayan licenciado en asturiano: habrá que darles una salida. La primera, la docencia: así pues, preparémonos para pagar plazas de profesores de asturiano en todos los institutos y colegios concertados. Por supuesto, la enseñanza pasará de ser voluntaria a ser obligatoria a costa de otra u otras asignaturas: ¿cuáles serás las sacrificadas: lengua española, matemáticas, historia, gimnasia, francés, inglés? Otras ya han sido sacrificadas para que pueda ser voluntaria la elección del asturiano, a la vez que 'de oferta obligada'.
Al final, se repetirá lo que ocurrió en Galicia: que la espontaneidad del verdadero gallego se sustituyó por el normalizado que da risa, aunque al final del partido entre 'o Dépor' y 'o Celta' te acostumbras al castellano galleguizado 'do comentarista'.
¿Es Félix el culpable? ¿O somos los 34 que votamos a favor de la enmienda? Como en las tragedias griegas, los extremistas la tomaron con el heraldo: se repite la tragedia.
En un manifiesto firmado por muchos profesores de la Junta, bablistas y no bablistas (en todo caso, más de 60) se condenó esta actitud antidemocrática que impide a los profesores discrepar. Hay miedo a ser disidente.
Creo que Félix fue un valiente que dijo lo que muchos pensábamos: que el asturiano, y mucho menos el normalizado, no puede ser una titulación superior ni menor, porque carece de contenido para ser lo que debe ser una verdadera Filología: una lengua y, sobre todo, una literatura digna, amplia y de altura que haya forjado a aquella. Otra cosa es que se puedan o no estudiar esos dialectos y sus literaturas. Luego la cuestión es puramente política. Importa ahora restablecer a Félix Fernández de Castro: 34 y muchos más decimos que 'todos, o casi, somos Félix'.
(de El Comercio, 08-07-2008)
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