Madrid, al rescate del leonés
La Casa de León en la capital imparte un curso de llionés que se ha convertido en laboratorio para la recuperación lingüística del idioma
Pacho Rodríguez Madrid
Si se busca «lengua leonesa» en Google se encuentran 1.480.000 entradas en las que se aborda su existencia. Y si se sube a la montaña occidental de León, por poner un ejemplo, se puede encontrar a gente, nada virtual, real como la tierra que trabaja, que por su forma de hablar conserva de forma inconsciente la piedra filosofal de una realidad natural que pocas veces ha caminado por el sendero académico. Lejos de apropiaciones políticas inútiles, el leonés forma parte de la torre de Babel de las lenguas peninsulares. Y hay quien lo ha situado en las tribunas universitarias. Como en Salamanca, en donde profesorado de aquella histórica universidad imparte desde el año pasado, sin complejo alguno, un cursu de llingua llionesa, organizado por la asociación La Barda. Allí se cuenta que hay referencias palpables, audibles, de esta lengua en las provincias de León, Zamora y Salamanca, pero también en Extremadura, la tierra de Miranda (Portugal), y, cómo no, Asturias. La embajada en Madrid, por segundo año consecutivo, y con el éxito de una veintena de alumnos cada curso, imparte en la actualidad clases de lo que un día habló todo León. Como si no hubiera nada más moderno que cumplir con nuestros ancestros.
Es lunes por la tarde y en Madrid el frío imita sin conseguirlo a las bajas temperaturas de León. Jóvenes, muchos de ellos universitarios, otros no tan jóvenes pero tal vez con más curiosidad, llegan a la Casa con un cuaderno debajo del brazo. En sus páginas se escribe literalmente la lengua leonesa del siglo XXI. Son los héroes intelectuales de una discreta operación rescate de la lengua de sus antepasados. Uno se espera leonesismo recalcitrante y lo que se encuentra es a un grupo ávido por rellenar su corazón con algo que le falta y que es reconocer cómo hablaron sus padres o abuelos y saber a qué sonaba la vida de su tierra materna.
Leonés según un asturiano
Las clases de Lengua Leonesa de la Casa de León en Madrid son un ejercicio que parte de lo concreto para llegar a lo multicultural. Es difícil explicar que el profesor es un asturiano, de Trubia, nacido en 1973, que se llama Pablo Suárez. Y que de leonés tendría que es parco en palabras. Para romper el hielo no queda más remedio que preguntar: ¿Qué hace un asturiano como usted en un curso como éste? Suárez es doctor en Filologia Hispánica y tras pensar un ratín (para hablar con propiedad), contesta: «Doy clases de asturiano en el Centro Asturiano de Madrid. Surgió esta posibilidad de dar clases de asturleonés y¿». Es, entonces, obligatorio acometer la duda de saber qué es lo que se aprende en la calle Pez: «Puede decirse que lo que aquí aprendemos es el estándar asturiano», aclara Suárez.
Pero en este curso la libertad de cátedra va acompañada de la libertad del alumno para discernir que lo que él quiere aprender está en el todo y que puede delimitar su área de acción, que es su pueblo de origen. Y el puzle toma forma aunque sea con millones de irregulares piezas. Miguel Gelado es un alumno zamorano, ingeniero industrial, del 72 para más señas. Natural de la comarca de Sanabria, lo tiene muy claro: «Mi familia era hablante del sanabrés, un dialecto del asturleonés. Es un tema que me interesa y que investigo ahora más enfocado a las hablas leonesas. En mi círculo más cercano me sirve para hablar con la gente más mayor. Creo que se puede conseguir recuperar algo que es un patrimonio y que está en los hablantes del ámbito rural». Antonio González, de Riaño, dice: «Puede que mi zona sea de las más castellanizadas, pero aún así hay muchos términos que reflejan lo que se habló en un tiempo», asegura. Y González añade y aclara: «No se trata de imponer nada ni de ir en contra del castellano, sino de ofrecer la oportunidad de aprender a quien quiera. Que lo que uno oyó toda la vida, pueda volver a tener presencia, recordarlo, aprenderlo y practicarlo».
Iván Aller es otro leonés con ganas de saber y practicar su antigua lengua. Cree que está en auge, en buen momento y en resurgimiento. Es una opinión que comparten en estas clases que, si algo bueno han conseguido, como se apunta en este encuentro en la capital de España, es que hay palabras que en su día corrigieron a sus padres y que no sólo no estaban mal dichas sino que formaban parte de un patrimonio que era la comunicación entre las gentes de León. Y que la cosa se extendió y finalmente se difuminó. Y que ahora sólo queda un ejercicio de rescate para que no caiga en el olvido. Tal vez, todo sea cuestión de que antes de reivindicar la autonomía se imponga la autoestima leonesa.
(del Diario de León, 13-01-2008)


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